Una historia a futuro, El Homo Ciberneticus

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La imagen nos es tan verde ni azul si seguimos la ruta de el Homo Ciberneticus

Estamos en el futuro año 2250, y el Homo Sapiens de ahora es comparado, con lo que fue cuando comenzó el tercer milenio, un ser grotesco, producto de una evolución acelerada e inducida en parte, por su propio ingenio tecnológico. Con esto queremos hacer un ejercicio de reflexión viendo al futuro, sobre; deterioro ambiental, alteraciones genéticas auto inducida, y sometimiento total a una tecnología desbocada.

En este año 2250, El Homo Ciberneticus, posee ojos grandes y rojizos para poder ver mejor en la espesa y ácida niebla ambiental, producto de la industrialización, los globos oculares están siempre irritados, a pesar de otro párpado transparente que ha desarrollado a fin de proteger su retina.

Pero a pesar de este otro párpado adicional, todo resulta insuficiente, para el perenne baño de radiación electromagnética que recibe su vista, no soló de las pantallas televisivas y monitores informáticos, en las que pasa más del 80 por ciento de su tiempo, sino a las emanaciones ultravioletas solares, que la exigua y desgastada capa de ozono puede filtrar del todo.

Las consecuencias son alarmantes en El Homo Ciberneticus

Ambos factores más la radiación extra, proveniente de los artilugios de mano que mantiene constantemente pegado a su oído, también le han dejado calvo, atrofiando de paso, las orejas que ahora están reducidas a orificios arrugados.

El Homo Ciberneticus sufre además de un constante estrés, debido a su adicción a toda una parafernalia de aditamentos vídeos cibernéticos, a los cuales debe atender, y que le son imprescindibles, teléfonos inteligentes, ordenadores de mesa y portátiles, incluyendo tablets, y mandos a distancia, no soló de sus equipos de televisión, audio, video, realidad virtual, sino del control climático en casa, oficina, automóvil, y especialmente de la sala técnica donde se encuentra la central cibernética desde la cual maneja todas las actividades de su equipo.

La boca de El Homo Ciberneticus, ha dejado de ser aquel instrumento con el cual besaba, saboreaba alimentos, y conversada. Ahora es soló un orificio sin dientes, para que pase la comida y bebida hacia bolsones enzimáticos -que le han crecido en el interior de su garganta, tráquea, y esófago retenido en tales envases, se encuentran nuevas y potentes sustancias digestivas y desintoxicantes-, de allí pasarán ya procesados y en forma de nutrientes al estómago y torrente sanguíneo. Algo similar ha ocurrido con su nariz, y por causas parecidas.

Las nalgas de El Homo Ciberneticus, son ahora aplastadas y más grandes, debido a que permanece sentado demasiado tiempo, ante todo este disparatado vídeo electrónico que rige su vida. Los músculos de sus brazos y piernas se atrofiaron debido al poco uso, pero, y por contraste, su estómago aunque flácido, ha crecido desproporcionadamente.

Curiosamente sus dedos, y especialmente el índice, se han achatado en las puntas, adquiriendo forma de espátula, inevitable adaptación a su constante uso presionando botones, teclas, e interruptores en la multitud de equipos de los cuales depende, y para los cuales vive.

El cambio mas radical que sufriría el El Homo Ciberneticus

En la mujer, el físico también ha sufrido una transformación, gracias a rígidos programas de condicionamiento físico, e implantes musculares, su contextura es protuberante, e intimidante, siguiendo una tendencia que se comenzó a manifestar en la década de los ochenta del siglo veinte, y gracias a más implantes, ostenta colosales senos.

Esas esferas rígidas, con la dureza de antiguas balas de cañón y carentes por completo de sexualidad y feminidad, representan más bien un agresivo símbolo de autoridad, ello se debe a que siendo el ente dominante en esta sociedad del futuro, ha sometido al varón de la especie.

Hasta el punto, de que éste es soló un peón tecnológico, y mero proveedor de la semilla necesaria para inseminación artificial y propagación de la raza humana, pues las relaciones sexuales a la antigua son cosa del pasado.

Para quienes sonrían ante esta fantasía futurista, sosteniendo que las sociedades humanas, siempre han estado capacitadas para controlar, no soló al medio ambiente sino también su entorno personal, y que por lo tanto para ellas no cuentan las leyes de selección natural, vale la pena recordarles algo: Por la actitud arrogante, propia del Homo Sapiens, y según lo manifestó cierta vez, Oswald Spengler, “quienes así piensan están condenados irremisiblemente, no soló a una eventual degeneración física, sino incluso a la extinción como especie”.

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