El caso de las gemelas Pollock, ¿las hermanas reencarnadas?

699
Esta es la imagen de las Gemelas Pollock que murieron atropelladas

Domingo por la mañana, mayo de 1957, en el pueblo de Hexen, Cumberland, Inglaterra, Johana y Jacqueline, las gemelas Pollock, de seis años de edad, se dirigen a misa de nueve, por la calle. Súbitamente aparece en la calle un pesado automóvil verde, que zigzagueando sin control salta la acera arremetiendo contra las dos niñas quienes mueren instantáneamente.

Por la magnitud de la tragedia, Percival y Florence Pollock, padres de las niñas muertas, decidieron abandonar aquel pueblo. Exactamente al año siguiente, en mayo de 1958, Florence, quedaría embarazada, y Percival su marido tuvo el presentimiento de que ella daría a luz a otras gemelas.

Al comunicar esto a su esposa Florence, ella consideró que era imposible, pues no había antecedentes de dos embarazos consecutivos de gemelas en su familia, o la de Persival, igual opinó el médico que la asistía, el 4 de octubre de 1958, sin embargo Florence Pollock, daría a luz a dos niñas idénticas, a quienes bautizó con los nombres de Gillian y Jennifer.

Lo que empieza a surgir espontáneamente en las gemelas Pollock

Días después del nacimiento de las gemelas Pollock, Percival, el padre, noto una pequeña marca color café del tamaño de una moneda en la cadera izquierda de Jennifer., nada extraordinario, de no haber sido por un detalle, Jacqueline, una de las gemelas muerta, también había tenido esa marca en el mismo lugar.

Poco después también advirtió, en la frente de Jennifer, una pequeña cicatriz blanca, idéntica a una que Jacqueline, la difunta, se había hecho al golpearse con el borde de un objeto. Florence la madre, por su parte, empezó a experimentar algo aún más impresionante.

Habían conservado algunos juguetes de las gemelas muertas, y decidieron entregárselo a Jennifer y a Gillian, entre dichos juguetes estaban dos muñecas, y tan pronto Jennifer vio la que había pertenecido a la fallecida Jacqueline exclamaría, “esa, esa es la mía, se llama Mery”. Asombrada, Florence recordó que su hija muerta, efectivamente había llamado Mery a esa muñeca.

Gillian, tomó la que había pertenecido a Johana, la otra gemela fallecida, exclamando, “ésta era la muñeca que tuve hace tanto tiempo”, luego viendo otro juguete que había pertenecido a Johana, comentó, “y aquí está mi otro juguete”.

La señora Pollock, quedaría perpleja y asustada por algo tan inexplicable, pues las dos gemelas, jamás habían visto, y nada sabían de aquellos juguetes. Pero cierto día en pascua de resurrección, el matrimonio visito el pueblo donde había ocurrido la tragedia, “fue escalofriante”, comentaría Pollock, pues las niñas, aún cuando jamás habían estado allí, parecían saber dónde quedaba todo, calles, plazas, y casas de los amigos de sus hermanitas muertas.

Son casualidades que pueden ser una realidad de reencarnación

El día aniversario de la tragedia, en el que habían muerto sus hermanas, Jennifer y Gillian, jugaban en el patio de la casa, cuando repentinamente, Gillian se quedó mirando a Jennifer, al tiempo que le decía asustada, “que te pasa, te está saliendo mucha sangre por los ojos”.

La madre, quien había escuchado, corrió a examinar a Jennifer pero no le vio nada en la cara. Recordó entonces, que una de las características más impresionantes, de los cadáveres de sus hijas fallecidas, era que sangraban profusamente por los ojos.

¿Coincidencias?, ¿juegos de la imaginación?, en septiembre de 1963, el profesor Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, se interesó tanto en el caso de la reencarnación de las gemelas Pollock, como ya se le conocía, que se abocó a estudiarlo fría y detenidamente, quedó tan impresionado ante la evidencia, que llegó a catalogarla de: “única en los anales, de eso que llaman paranormal, y que la razón la ciencia no son capaces de explicar”.

Dejenos su Comentario