Una esposa, Kate Soffel y dos hermanos fugados, Ed y Jack Biddle

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Durante los meses iniciales de 1901, se realizaron 27 robos en Pittsburg, y el patrón de ejecución siempre constante de estos audaces ladrones, hicieron pensar sin ninguna duda a las autoridades que los crímenes fueron cometidos por las mismas personas.

En la madrugada del 12 de abril se utilizo la fuerza para ingresar y robar la tienda de comestibles dirigida por Thomas Kahney, quien al descubrir a los ladrones en plena faena fue asesinado a tiros por uno de ellos.

El Arresto y la condena

Esa misma mañana, al inspector de la policía Robert Gray y el detective Patrick Fitzgerald les llego cierta información sobre los sospechosos movimientos que ocurrían en el 34 Fulton Street, donde vivían un grupo de mujeres y hombres los cuales seria bueno investigar.

Estos dos oficiales se dirigieron a la casa y, al ver que no se les permitía entrar, decidieron forzar la entrada, mientras esto sucedía sonó un disparo que mató a Fitzgerald. Inmediatamente un grupo de policías rodeó la casa y dos hermanos, llamados Ed y Jack Biddle, Frank Dorman y dos mujeres, conocidas como Jennie Wilcox y Jessie Wright, fueron arrestadas.

Indagando sobre los hombres de este grupo, se supo que habían cometido muchos y probablemente la totalidad de robos a los que se hace referencia anteriormente, incluyendo el asesinato de Kahney, el tendero. Toda esta banda fue acusada de asesinato, y los dos hermanos fueron condenados y sentenciados a ser ahorcados el 12 de diciembre de 1901. Frank Dorman seria sentenciado a cadena perpetua, mientras que a las dos mujeres las absolvieron de los hechos.

Los hermanos fugados, Ed y Jack Biddle, y la Sra. Kate Soffel

El Gobernador les concedería a los hermanos Biddle una gracia de sesenta días, tiempo durante el cual estuvieron confinados en la Cárcel del Condado de Alleghany en Pittsburg. Pero a las 4 a.m. del 30 de enero de 1902, Ed Biddle llamó desde su celda al guardia James McGeary, diciéndole que su hermano se sentía mal y le pidió al mismo que le comprara un medicamento para aliviarlo.

McGeary accedió a cumplir con la petición, y cuando regresó con la medicina, los Biddles terminaron de romper los barrotes, los cuales habían cortado casi por la mitad, forcejearon con McGeary, el cual cayo a la planta inferior golpeando su cabeza, lo que hizo pensar que moriría.

Los hombres desesperados por huir, sacaron unas pistolas que les habían pasado de contrabando y dispararon contra otro guardia llamado Reynolds, causándole una herida grave pero no mortal, quedaba solo un guardia presente, al que intimidaron con las armas abligandolo a entrar en un calabozo, donde nadie lo podría escuchar gritar.

Una infidelidad que buscaba consolar

Cuando estos dos hombres consiguieron el control de la cárcel, tomaron las llaves del guardia McGeary y salieron de la prisión hacia Ross Street. Cuando el alcaide Peter Soffel fue informado de lo sucedido, casi se colapsa, pero pronto se recupera, y comienza a decir que su esposa -madre de sus cuatro hijos- había desaparecido, pero viendo las circunstancias y las evidencias en su contra, termina de entenderlo todo.

Parece ser que Ed Biddle, que era un hombre apuesto, sedujo y logro que  que intentaba reconfortarles llevándoles la palabra de Dios, probablemente les supliera las sierras y las armas con las cuales se habían logrado evadir, ese día el terreno estaba completamente cubierto de nieve y la persecución de tres detectives de Pittsburg y otros cinco oficiales, comenzó en trineos.

Al día siguiente, los oficiales se enteraron de que los hermanos Biddle y la Sra. Soffel habían cenado en la casa de J. J. Stevens en Mount Chestnut, cinco millas al este de Butler, Pensilvania, cuando los policías lograron acercarse a ellos cerca de Mount Prospect, vieron a los dos hermanos y la Sra. Soffel intentando escapar en un trineo.

Se fueron acercando hasta ubicarse a 40 metros de los fugados, ordenandoles que se detuvieran, pero esto ignoraron la orden, lo cual obligo a los oficiales abrir fuego con sus rifles, los hermanos respondieron, y durante el intercambio recibieron heridas mortales, la Sra. Soffel también resultaría herida en el pecho, por suerte ninguno de los oficiales resultó herido.

En un trineo llevaron a Katherine Soffel, mientras sangraba por la herida en el pecho; un detective estaba sentado a su lado. “Soy una mala mujer, soy una mala mujer”, dijo. “Solo amo a mis hijos. Sabes que hay muchos problemas domésticos que solo una mujer puede entender … Espero morir “.

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