El ankou el sirviente de la muerte

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No representa a la Muerte es su sirviente

No representa a la Muerte en sí misma, sino a su sirviente: su papel es recoger en su carro chirriante (karr un Ankoù, karrigell un Ankoù, karrik un Ankoù) las almas de los muertos recientes. Cuando una persona viva escucha el sonido del carro (wig ha wag!), significa que él -o alguien a su alrededor- pronto pasará de la vida a la muerte. También se dice que el que ve al Ankou muere dentro de un año.

“El Ankou es el empleado de la muerte -oberour ar maro-“. La última muerte del año, en cada sitio, se convierte en el Ankou de ese sitio para el año siguiente. Cuando ha habido más muertes de lo habitual durante el año, se dice que el Ankou ha estado muy ocupado: War ma fé, heman zo eun Anko drouk. -Por mi fe, este es un Ankou malvado-.

Pero quien es el Ankou

El Ankou está representado, a veces como un hombre muy alto y delgado, con el pelo largo y blanco, la cara sombreada con un gran sombrero de fieltro; a veces en forma de esqueleto cubierto con un sudario, y cuya cabeza gira constantemente en la parte superior de la columna vertebral, así como una veleta alrededor de su varilla de hierro, para que pueda observar de un solo vistazo toda la zona por la que tiene que viajar.

En cualquier caso, tiene una guadaña en la mano. Esta difiere de la definicion clasica, ya que su filo no es curvo hacia adentro -el filo va por fuera-, y su utilizacion no es igual a la que hacen los segadores de heno y las cosechadoras de trigo, el la lanza hacia adelante.

El carro de Ankou -karrik o karriguel ann Ankou- es muy parecido a los carros en los que se transportaba a los muertos. Por lo general es arrastrado por dos caballos ensillados que parecen flotar. El que está al frente es delgado, muy delgado, apenas de pie sobre sus patas. El de la caña del timón es graso, tiene un pelaje brillante y es recto desde el cuello. El Ankou está en el carro.

El Ankou en su carro funerario

Es escoltado por dos compañeros, los dos siempre caminan. Uno lleva por la brida al caballo principal. El otro tiene por función abrir las barreras en los campos, las verjas de los patios y las puertas de las casas. También es él quien llena el carro con los muertos que el Ankou derribó.

Cuando la Ankou emprende su viaje, se dice que su carro está lleno de piedras para que resuenen en su interior y de esa manera hacer más ruido.

Llegando cerca de la casa donde el moribundo debe ser recogido, de repente descarga su carro para hacer espacio para su nuevo “lastre”. De ahí el estruendo de las piedras que se oye tan a menudo en los hogares donde se observa a un moribundo, justo en el momento en que da su último suspiro”.

Extracto de La leyenda de la muerte de Anatole Le Braz

En algunas leyendas el Ankou mata sin necesidad de usar su guadaña, el simple hecho de acercarse a él, de escucharlo pasar o más aún de intercambiar palabras con él es suficiente para causar la muerte de la persona en cuestión o de uno de sus familiares.

Es el triste destino de Fanch ar Floc’h, este talentoso herrero que absorto por su trabajo trabajó en Nochebuena hasta después de la hora santa de medianoche cuando el Ankou lo visitó para reparar su guadaña. El hombre realizó esta tarea sin sospechar la identidad de su anfitrión y murió al amanecer.

Una leyenda cuenta también que un joven demasiado curioso, habiendo reconocido el famoso chirrido de los ejes del carro de Ankou, decidió observarlo sin ser visto escondido en un recodo del camino.

El convoy se detuvo repentinamente y uno de los que acompañan a Ankou se acercó al escondite sin verlo. Creyendo al principio que estaba perdido, el joven se sintió rápidamente aliviado al ver que el Ankou se iba sin darse cuenta de su presencia… al día siguiente fue enterrado.

Se dice que para cada parroquia, la última muerte del año se convierte en el Ankou del año siguiente. Durante el día, también está presente a través de las esculturas de su efigie que decorada con huesos, por lo que siempre recuerda a los hombres el final del que nadie puede escapar. Y estas palabras grabadas en la piedra nos advierten: “Muerte, juicio, infierno frío: cuando el hombre piensa en ello, debe temblar”.

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