El Doctor John Dee, el necromicon y otros libros que perturban

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John Dee, era carismático, astrólogo de la Reina y matemático, pero no tradujo el necromicon.

Fue sin duda uno de los personajes más enigmáticos y fascinantes de la Inglaterra isabelina, quiromante, ocultista y esotérico, también podría decirse de él, que fue el más directo antecesor de James Bond, pero contrario a este que es mera ficción, el Doctor John Dee, nacido en londres un 13 de julio de 1527, era no soló muy real, sino también un asombroso y multifacético magíster en matemáticas y geometría oculta, también fue el primero en aplicar esos conocimientos al arte de la navegación.

Experto en astrología, si bien no creía en tal superstición, hacía muy buen uso de ella para su provecho, siendo tal la confianza que la Reina Isabel I tenía en el, le comisionó para que determinara cuál sería la mejor fecha según la posición de los astros, para su coronación, William Shakespeare se inspiró en su extravagante personalidad para crear el personaje de prosperó, en su obra la tempestad.

Un hombre al que se le atribuyen cosas insospechadas

Viajero incansable y patrocinador de las artes, fue también espía y agente secreto, al servicio de Su Majestad Británica, en sus frecuentes misiones de espionaje a Leuven en Bruselas, Roma y París, y siendo practicante de magia negra, hechicería, y ritos esotéricos, aprovecharía para relacionarse con los más connotados maestros del ocultismo europeo.

De ellos aprendió riesgosos conjuros para invocar a los tenebrosos, malignos espíritus del submundo de las tinieblas, que presuntamente deambulan en un plano intermedio, entre lo humano y bestial, dado lo anterior nada tiene de raro, que también se le atribuyese, la autoría de una traducción al idioma inglés, del notorio libro de nombres malditos también conocido como el, “Necronomicón“.

El libro “Necromicon“, se ha convertido en objeto de culto en ciertos círculos, pero la realidad es que más bien se trata de un invento literario del escritor, H.P. Lovecraft, nacido en Estados Unidos, a finales del siglo XIX.

Aun cuando él mismo autor insistía en que se trataba únicamente de “ficción macabra“, algo en toda esa mitología del “Necronomicón“, elaborada por el, parece haber tocado una fibra muy particular, en personas de tendencia supersticiosa, empeñadas en hacer creer que tales fantasías estaban basadas en hechos, y personajes reales.

Necronomicón, y otros libros enigmáticos en manos de John Dee

Algo similar también, ha sucedido con otra ficción esotérica que algunos, en su mayoría, personas que parecieran no haber superado sus etapas de adolescencia, insisten en cultivar, y elevar ante los demás, es el notorio Manuscrito Voynich, sobre el cual no se tiene ninguna referencia, ni de su autor ni de su contenido.

Obviamente si el “Necronomicón” es un invento del siglo XX, difícilmente el Doctor John Dee pudo haberlo traducido al inglés, en cambio y como era un apasionado coleccionista de libros prohibidos, de hecho si copio a mano, y tradujo parcialmente el enigmático, Steganographia escrito en clave cifrada por un no menos elusivo abate excomulgado, Johannes Trithemius.

En su biblioteca privada John Dee, tenía además, una muy rara copia de una muy solicitada enciclopedia de recursos y conjuros para la seducción, algunos de cuyos capítulos contenían textos y pasajes tan explícitos, que presuntamente corrompían, a todo aquel que los leyera.

Tanto John Dee, como Edward Kelley, su socio y compañero de actividades licenciosas, en cierta forma tuvieron que ver, con la traducción de otro texto, igual de raro, y no menos turbador que los anteriores, el inquietante, y para muchos engañoso, Arbor Mirabilis, atribuido al esquivo y casi mítico monje, Ulrich De Mayence.